as time goes by

Publicado: junio 1, 2016 en Uncategorized
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ellen auhuerbach

Caperucita se interna cada día en el bosque. Busca al lobo. Han pasado muchos años. Juntos recuerdan. Hablan de los viejos, buenos tiempos. De pronto, una risa, un mordisquito, hace que caigan ropas y años…

La foto es de Ellen Auerbach (1906-2004)

CONTAGIO: Med. Transmisión de una enfermedad por contacto inmediato o mediato: el contagio de la peste es muy rápido. (SINÓN. Contaminación, infección, corrupción). // Fig. Imitación involuntaria: el contagio de la risa.

Pequeño Larousse Ilustrado, edición de 1978

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¿Qué fue CONTAGIOS? Cuatro performances realizadas en cuatro espacios del teatro Valle Inclán: el baño, la chácena, el almacén del guardarropa y un camerino. La idea: buscar el contacto, el acercamiento, con pequeñas acciones teatrales, narraciones, juegos, en las que el público debía imitar, acercarse y entrar en lugares donde habitualmente no entra: espacios físicos tanto como experiencias. Realidades que habitualmente mantenemos a cierta distancia. Como si fueran contagiosas. La peste y la risa lo son, también los bostezos, el entusiasmo y el pánico. CONTAGIOS iba más por el lado del entusiasmo y de la risa, una de las cosas más contagiosas que conozco. Pero hubo, para mi sorpresa, más reacciones, emocionantes reacciones a esta invitación a jugar y acercarse.

Conté para llevar a cabo este juego con cuatro maravillosos artistas: Miriam Fernández, Mariu del Amo, Mónica Lamberti y Fernando Fernández. Ellos debían contagiar, cada uno en su espacio. ¿Qué era lo que contagiaban? Belleza, alegría. Y lo hicieron.

En el vestíbulo del teatro, cuatro hilos de lana de colores diferentes eran el caminito de “irás y no volverás” que cada quien debía recorrer para llegar al lugar de su contagio.

Un hilo rojo llegaba a una de las puertas del baño de hombres, sobre la puerta cerrada un cartel TOCA LA PUERTA, era la señal para que Fernando comenzara su juego lanzando un camión por debajo, bailando, sonriendo con su enorme sonrisa…

El hilo azul conducía hasta el camerino número 4 donde Miriam hablaba de su currículum profesional y de sus deseos de hacer cosas diferentes, decía cerca del final “Quiero salir a la calle y sentir que soy capaz de meterme en la piel de otras personas… ¡personas felices!. Porque yo soy feliz, aunque a primera vista la gente lo dude. Yo me río, lloro, me enamoro…”

El caminito naranja (que una joven recorrió haciendo equilibrios sobre el hilo, jugando como una niña), acababa en la cortina pesada tras la que estaba Mariu, que preguntaba “¿Te da miedo la oscuridad?” y luego, de su mano, entrabas en ella, en la oscuridad y allí te regalaba viajes, cuentos y aromas.

El hilo blanco conducía hasta una silla de ruedas y luego, ya en ella (porque había que sentarse en la silla para continuar) hasta la chácena donde esperaba Monikísima y su magistral lección de glamour en clave de clown, con baile incluido.

La verdad es que no sólo el público respondió a la invitación y se dejó contagiar. El equipo del teatro Valle Inclán fue generoso y entregado. Hizo más de lo que tocaba, no regateó trabajo, risas, juego. Producción, oficina técnica, vestuario, maquillaje y peluquería, utilería, mantenimiento, personal de sala… David Blanco, que coreografió manos y pies y brazos, que estuvo con Fernando cada día, cada pase, fue un regalo. Muchas personas, un enorme equipo para hacer posible la experiencia: para jugar. ¿No es hermoso? CONTAGIOS fue una de estas experiencias dulces que la vida regala a veces. La alegría que me proporcionó en cada instante, desde el momento de soñarlos hasta los ensayos y la realización fue inmensa. Y por darme la oportunidad de vivirla, por pedirme que soñara y dejarme hacerlo tengo que dar las gracias a Inés Enciso y Miguel Cuerdo.

Escribo esto para no olvidar la alegría.

Los anillos de Saturno

Publicado: abril 20, 2016 en Uncategorized
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Estoy leyendo a Sebald. Comencé con “Vértigo” y ahora sigo con “Los anillos de Saturno”. Me gusta este narrador que habla de lo que ve mientras va de un lado a otro. Me gusta este Sebald que une la erudición a la observación de lo cotidiano, capaz de hacerme sentir curiosidad por cosas disímiles: los arenques, Thomas Browne o la Lección de anatomía de Rembrandt. Me gusta como pasa casi insensiblemente de un tema a otro, de una a otra cosa, como sucede cuando pensamos o en las conversaciones más bellas.

Copio este fragmento que habla de los sueños

¿Qué clase de teatro es este en que somos escritores, actores, tramoyistas, escenógrafos y público, todo en uno? En la travesía de los espacio oníricos, ¿hace falta más o menos entendimiento del que uno se lleva consigo a la cama?

Llevo unos meses soñando mucho. Con una bebé cíclope, con tigres y leones mansos, esta noche, con un gato asustado. Hace unas pocas madrugadas, mi sueño se sobresaltaba con la risa, mi propia risa me despertaba levemente pero luego me volvía sumergir en el mundo que habito cuando duermo. A veces busco el significado de los sueños en algún diccionario de símbolos. Pero los mensajes de ese teatro del que habla Sebald no se dejan descifrar fácilmente. Son escurridizos. A veces, me gustaría contar cuentos como si soñara, como se me aparecen los sueños. Me gustaría saber qué sueños soñaría contando.

De aquí para allá

Publicado: febrero 28, 2016 en Uncategorized
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Durante la semana que acaba hoy he estado así, de aquí para allá. De Salamanca a Zamora y de Zamora a León. Llevando de un lado a otro mis historias, contando para niñas y niños, contando para adultos. He recibido muchos comentarios agradables y felicitaciones, estoy contenta. Han dicho de mis historias que son diferentes. Es un halago enorme y que me encanta, porque no solo reconoce una de las tareas de quienes contamos (tener un repertorio personal), sino que pone en valor la necesidad de lo diverso. Una cuestión importante en estos tiempos en los que desde tantos lugares se siente la presión de un pensamiento único, de una sola verdad, un sólo modo de hacer las cosas.

Aparte de la alegría de estos halagos, me llevo otras. Por ejemplo, el placer enorme de pasear por tres bellas ciudades, una de las cuales visité por vez primera: León. Hoy estuve intentando perderme en la zona vieja de la ciudad y entré en la basílica románica de San Isidoro. Acababa de terminar la misa, había corrillos en la puerta. Algunas señoras mayores se habían quedado en la iglesia y rezaban el rosario de rodillas en los reclinatorios. Me fijé que en algunas piedras de las paredes había marcas con forma de flecha y pensé que habían servido a los constructores para señalar posiciones de colocación. Seguí mirando con atención y descubrí una letra, la b. Buscar estas marcas se convirtió en un juego. Fui mirando a la altura de mis ojos y encontré una en forma de ballesta, más letras, y terminé por fotografiar algunas de ellas.

Me encantó encontrarlas, tocarlas y especular. ¿Serían señales de los canteros? Imaginé la necesidad de perdurar, de decir “yo hice esto”, “existo”. Pensé en los gestos que las hicieron posibles. Tal vez alguno de ellos haya desaparecido para siempre, pero otros perduren, como perduran y se pierden los gestos cotidianos: los del trabajo o esos de todos los días que hacemos sin darnos cuenta. ¿Cuántas mujeres antes que yo se habrán mirado al espejo y habrán pensado “hoy estoy guapa” o descubierto una nueva arruga? ¿Cuántas lo harán cuando yo no esté? Y sin embargo, hubo una época remota sin espejos. ¿Qué gestos parecen aspirar a la eternidad en la repetición? ¿Cuáles son prácticamente irrepetibles? ¿Cuáles permanecen y cuáles desaparecen? A lo mejor un cantero del siglo XI, mientras marcaba una piedra para poder cobrar por su trabajo o para dejar una huella de su paso por el mundo,  trató de imaginar al desconocido que pasaría su mano justo sobre esa piedra. No podía saber de mi. Pero imaginó mi mano recorriendo su marca, tal y como yo trato de imaginarlo a él. Su señal nos une aunque lo haga con un vínculo imposible. Estas palabras que ahora escribo son marcas de cantero.

carnaval

Publicado: febrero 9, 2016 en Uncategorized
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Estamos en carnaval y en Madrid, la ciudad donde vivo, han encarcelado a dos titiriteros. Yo no he visto el espectáculo. En los medios de comunicación han contado que en un espectáculo para niñas y niños se colgaba a un cura y a un juez y había un cartel que ponía “Gora ETA”. Se ha hablado de protección a la infancia y de enaltecimiento del terrorismo. Me pregunto cosas: ¿El problema era que se colgaba a alguien o que a quienes se colgaba eran autoridades? ¿No han sido siempre los títeres de cachiporra violentos, transgresores y políticamente incorrectos? Posiblemente el espectáculo no fuera bonito ni de buen gusto ni nada que se le parezca. Pero no creo que eso sea motivo para mandar a nadie a la cárcel. Es muy hipócrita que el primer argumento haya tenido que ver con la infancia y su protección. Durante las navidades nadie parece preocuparse por la insoportable presión al consumo que hay en esas fiestas y la cantidad de juguetes que perpetúan valores cuestionables. Por motivos de trabajo he estado leyendo mucho en estos últimos meses acerca del nazismo. En un libro absolutamente recomendable de Zygmunt Bauman “Modernidad y Holocausto”, Bauman dice que para que el Holocausto fuera posible, primero los nazis tuvieron que destruir el pluralismo, y que “el pluralismo es la mejor medicina preventiva para evitar que personas moralmente normales participen en acciones moralmente anormales.” Más abajo añade que “La voz de la conciencia moral individual se oye mejor en el tumulto de la discordia política y social”. Sí, hay gente que piensa y siente distinto que yo, que tiene diferentes gustos, que hace las cosas de otra manera. Y eso me protege, nos protege, de quienes creen que en el mundo debe haber un solo tipo de personas, un solo pensamiento, una sola historia que contar.

Sin límites

Publicado: enero 19, 2016 en Uncategorized
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El martes pasado participé en una gala a beneficio de ASOCIDE, la Asociación de Sordociegos de España que se realizó en el Teatro del Barrio, organizada por David Blanco. Fue toda una experiencia. Cristina Verbena, Eugenia Manzanera, Marissa Amado y yo, contamos con intérpretes a la lengua de signos española, y con un extraordinario público de sordociegos con el que compartíamos escenario. Son muy curiosas las sensaciones que se tienen en una función como esa. Y es enorme la cantidad de cosas para pensar que te deja dentro. Todavía estoy digiriendo. (Para algunas cosas, una es de digestión lenta)

En estos últimos años, y gracias a la invitación que mi amigo Miguel Cuerdo me hizo, me he acercado al mundo de la diversidad funcional. O sea, a esas personas a las que antes se llamaba deficientes, minusválidos, contrahechos, idiotas, mongólicos, cojos, ciegos, tolais… Lo que he encontrado en muchas ocasiones ha sido alegría y belleza. No soy la misma, no puedo serlo, desde que este acercamiento comenzó. No es que sea mejor persona,lo que siento no tiene nada que ver con los lugares comunes que solemos decir, no creo. Lo que ha sucedido es otra cosa. Amo más la imperfección. Significa más( y otras cosas) la palabra límite. Encuentro belleza en lugares diferentes.  Descubro dimensiones éticas y estéticas en mi trabajo que antes permanecían ocultas para mí. Y sigo, eso sí, relacionándome con pasión con todo lo que se suele considerar inútil.

No pretendo ser una especialista en el tema, sino, como siempre, una curiosa que husmea en algunos sitios donde sospecha que se puede encontrar belleza. Por eso, y por lo que se ha dado en llamar sinergia, hoy me he enterado de que el VIII Premio Internacional  Artez Blai de Investigación sobre las Artes Escénicas ha sido otorgado al trabajo  “Del escenario teatral al escenario social: teatro, discapacidad e inclusión social”, del que es autora Hitandehui Margarita Pérez Delgado, de Veracruz, México.  Enhorabuena. También, de que podemos ir hasta el 8 de febrero a Matadero para ver  ¡SIN LÍMITES!, una exposición que muestra objetos diseñados por y para personas con alguna discapacidad.

 

documental

Publicado: diciembre 6, 2015 en Uncategorized
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Este lunes se presentó en el teatro Valle Inclán el documental que se filmó durante el Festival Una mirada diferente. Me hace mucha ilusión colgarlo, no sólo porque salgo yo, (una es vanidosa), sino porque es el recuerdo de una de las cosas más bonitas, interesantes, emocionantes, que hice la temporada pasada, el taller multidisciplinar Desde el lugar inesperado. Aquí está: