relecturas

Publicado: septiembre 4, 2020 en Uncategorized
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Releo mi entrada “Autobiografía” en la que comento una lectura de Piglia al lado de otras, porque como decía Calasso (ya está, ha vuelto a suceder), las historias nunca vienen solas. La cita exacta es “Las historias jamás viven solitarias: son ramas de una familia, que hay que recorrer hacia atrás y hacia adelante.” En mi autobiografía pigliesca o pigliana (¿se podrá decir así?), o sea, la que constituyen las lecturas que hago, entró Dante hace muy poco. La lectura es acontecimiento, un acontecimiento íntimo pero acontecimiento, es decir, sucede, cuando realmente te toca. Acudimos al tacto para revelar la hondura de un encuentro. Algo te toca o no. A mí me tocó Dante. Y desde que lo leí hay versos que se pasean por mi imaginación casi en zapatillas de andar por casa, de tan presentes y cotidianos. Me parece cada vez más un prodigio esa bella e irreverente obra de autoficción medieval que reune la tradición grecolatina y la judeocristiana. Una podría, siguiendo los pasos de Dante por el infierno, el purgatorio y el paraíso, recorrer el inicio de la historia de la literatura occidental. Acompañas a Dante en su viaje imaginario y descubres que te atañe aunque no seas creyente, aunque haya pasado tanto tiempo, aunque no tengas el conocimiento necesario para entender todos los hilos que se trenzan en esa trama. Le debo a Borges la curiosidad y a la magnífica traducción de José María Micó el placer.

Los versos que más insistentemente se me cuelan en la memoria, que revolotean por ella en zapatillas de andar por casa son

“¡Ay!, humanos, nacidos para el vuelo,

¿por qué os hace caer tan poco viento?”

Dice José María Micó en su apasionada introducción a la obra, que los clásicos los son por excepcionales y extravagantes. En este tiempo raro que vivimos, tengo la maravillosa extravagancia de Dante al lado y, a ratos, la releo.

jardines de letras

Publicado: septiembre 2, 2020 en Uncategorized
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Nunca he pasado tanto tiempo sin contar cuentos como este año 2020. Desde mediados de marzo hasta ahora no he podido realizar mi oficio, que es, además, mi manera de estar en el mundo. En este tiempo raro me he dedicado a varias cosas: dibujar, leer y escribir. También veo series y hago autodefinidos. Paseo bastante, me gusta mucho caminar.

Leo fundamentalmente novelas de aventuras. Desde niña han sido mi consuelo mayor cuando no puedo moverme. Si estaba enferma, leía una y otra vez “La isla del tesoro” y “La flecha negra” de R. L. Stevenson, “20.000 leguas de viaje submarino” de Julio Verne y “El libro de las tierras vírgenes” de Rudyard Kipling. A partir de los catorce años se añadió a la lista “El señor de los anillos” de Tolkien. Cuando crecí más, añadí a Joseph Conrad a la lista de autores que me hacen viajar sin moverme del sitio. Últimamente se han sumado Ursula K. Le Guin y Fred Vargas. A las dos las releí con enorme placer durante el confinamiento. Mi imaginación se mueve por donde mi cuerpo no puede y así no me come la tristeza.

Dice Fedro hablando con Sócrates que el discurso escrito es reflejo del hablado y el propio Sócrates llama a lo escrito “los jardines de las letras”. Son estos jardines los que ahora me salvan, tanto los sembrados por otras personas, hermosísimos algunos, como los que siembro yo mientras espero. Esa es la aventura que me ocupa hasta que, un poco más adentro de este mes de septiembre, comience cerca del mar otra aventura nueva. Así voy, de una a otra, como si fuera un caballero andante, pero más quieta.

efecto mariposa

Publicado: junio 20, 2020 en Uncategorized
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si quieres, mira el vídeo primero y luego lee. si ves el vídeo contemplarás el registro, manipulado claro, de un acontecimiento. ¿qué pasó ese día? ¿de qué me di cuenta mientras manipulaba los registros grabados para elaborar el vídeo?

Cristina y yo estamos en el Parque Labordeta, el Parque Grande de Zaragoza. son cerca de las 18:30 de la tarde. poco después de que acabemos la grabación lloverá. primero suavemente, luego será un aguacero. grabamos justo a tiempo. justo a tiempo, qué expresión: en el momento preciso. sí, pero no por la lluvia. no sólo, al menos.

lo que pasó cuando llegamos al sitio que habíamos escogido para grabar fue que llegó una mariposa.

la mariposa revolotea a nuestro alrededor y se posa en la pared, a mi lado. antes de comenzar a contar le pido a Cristina (ella graba) que haga una foto. como tiene el móvil en modo vídeo, hace un vídeo. la mariposa se posa en su hombro. le pido el móvil para hacerle una foto como domadora de mariposas. nos movemos con cuidado para no asustarla. me pasa lo mismo que a ella: sin querer, no hago una foto sino una grabación. la mariposa echa a volar y luego vuelve a posarse en su hombro, nos reimos. es tan bonita. y esta vez sí hago una foto.

grabamos el cuento varias veces: la primera vez me equivoqué al final, la segunda sale bonita pero el volumen de mi voz es un poco bajo, luego pasan un avión, una moto y una ráfaga de viento. repetimos. decidimos hacer un pedacito del cuento en primer plano para tenerlo como recurso. en dos de las grabaciones la mariposa está con nosotras. en una se posa brevemente en mi frente y me da el regalo de la alegría. me preocupo un poco menos por el resultado. tengo una sorprendente, inesperada compañera de juego. en todo este tiempo no me doy cuenta de lo apropiada que es su presencia para la historia. parece mentira que no me de cuenta. eso sucede luego, ya en casa, cuando veo las grabaciones. y entonces sé por qué tiene que estar. una mañana es un cuento que habla del efecto mariposa.

por puro placer, por alegría, jugamos con lo que el azar nos ofreció. un encuentro involuntario resultó ser significativo. así que el vídeo para mí no solo registra un cuento, sino un acontecimiento inesperado, producto del azar, que añade un juego con el sentido.

aprovechar lo inseperado que sale al encuentro, jugar con lo que un día de primavera te ofrece justo antes del chaparrón ¿y si en eso consiste todo?

un mapa

Publicado: mayo 23, 2020 en Uncategorized
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los primeros mapas fueron relatos, la memoria de un itinerario expresada en palabras.

mapas y relatos dan cuenta del viaje. mirar un mapa, leer o escuchar un relato son maneras de viajar sin moverse del sitio.

en “El corazón de las tinieblas” Joseph Conrad escribe acerca de la fascinación por los mapas:

“Debo decir que de muchacho sentía pasión por los mapas. Podía pasar horas enteras reclinado sobre Sudamérica, África o Australia, y perderme en los proyectos gloriosos de la exploración. En aquella época había en la tierra muchos espacios en blanco, y cuando veía uno en un mapa que me resultaba especialmente atractivo (aunque todos lo eran), solía poner un dedo encima y decir: cuando crezca iré aquí.”

aquí, es una promesa, el espacio en blanco es lo desconocido: la posibilidad de contar un relato jamás contado anteriormente.

en estos días he estado practicando mucho esto de viajar sin moverme del sitio y en mis vagabundeos por internet he encontrado este hermosísimo mapa islámico del mundo en la Wellcome Colletion

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en este mapa el norte está abajo y el oeste, rodeado por el mar desconocido, a la derecha. este mapa antiguo cuenta otro mundo con otros códigos ¿qué viajes, qué relatos encierra que yo no sé descifrar? este bello y ajeno mundo redondo ¿qué secretos guarda? ¿qué sueños?

 

 

tocar

Publicado: mayo 8, 2020 en Uncategorized
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mano_copy

el tacto lo es todo

Anne Sexton

 

creo que fuimos dos mañanas a la sede de la Fundación Arte Viva, pero no estoy segura, hace ya más de diez años de esto. me gustaría recordar el nombre de la persona que se puso en contacto con nosotras para ofrecernos un trabajo contando cuentos en una exposición. teníamos que participar en dos jornadas de formación aunque no la necesitábamos para contar, no íbamos a hacer visitas guiadas. nos lo exigieron porque implicaba una manera de acercarse a la exposición que quienes participábamos debíamos compartir. yo asistí con renuencia a la primera jornada, pero en seguida me fascinó la propuesta. nunca he agradecido lo suficiente aquellas jornadas de trabajo en la Fundación Arte Viva. me enseñaron a mirar.

en dos mañanas nos propusieron un modo de acercarnos al arte totalmente diferente a lo que yo conocía. no se trataba de saber mucho acerca de quien había realizado la obra ni acerca del período en el que se enmarcaba. no hacían falta conocimientos técnicos ni biográficos ni históricos. se trataba de algo más básico y, descubrí, esencial. nos proponían que al ver un cuadro describiéramos lo que veíamos, no lo que significaba ni lo que sentíamos. de mirar con atención tratando de impedir que la interpretación apareciera. se trataba de responder a ¿qué hay? ¿qué se ve? preguntas que puede responder cualquier persona (que vea) aunque no tenga ningún conocimiento de arte.

lo curioso es que mirando así, evitando la interpretación, se ve más.

usé conscientemente ese modo de mirar poco después. fui al teatro Español a ver “Con Belisa”, un montaje de Jaume Villanueva sobre “El amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín” en el que trabajaba mi amiga Maite Brik. quería escribir sobre él, pero me costaba mucho empezar. entonces decidí describir lo que se veía. lo que yo había visto en escena. tratar mi recuerdo de la obra como nos habían enseñado a mirar una pintura o una escultura. fue un acierto. partiendo de ahí pude entender muchas cosas.

he continuado haciéndolo: cuando escribo sobre una obra de teatro o sobre mi oficio comienzo por lo que se ve, lo que está, lo que se puede describir. lo material, en una palabra. es eso lo que me permite pensar y a ello me sujeto cuando me despisto por los vericuetos de la interpretación y el sentido. lo que algo significa para alguien puede ser apasionante, pero para conocer por mí misma necesito partir de lo que percibo con mis sentidos, lo que en una cultura visual como la nuestra llamamos mirar. hacerlo me ha permitido entender cuáles son los materiales con lo que trabajo, los esenciales, los que diferencian mi oficio de otros oficios artísticos. no despistarme. pero no solo eso.

al enseñarme un modo de acercarme al arte, me enseñaron también un modo de mirar la vida. quien dice mirar dice también escuchar. mirar y escuchar lo que hay y no lo que yo creo o interpreto, lo que está y no lo que me gustaría o sería bueno o correcto que estuviera. mirar y escuchar intentando desembarazarme de prejuicios, de ideas preconcebidas. atender primero a lo que a fuerza de evidente no vemos y es tan sencillo: lo que está ahí.

así que sigo aprendiendo a mirar. no podía imaginar ese invierno de 2007 cuando acudía protestando a una cita de trabajo lo importante que iba a ser para mí. fue una suerte inesperada.

mi trabajo es contar. contar historias oralmente.

la particularidad de mi oficio, el modo como contar historias sucede cuando cuento, tiene que ver con la presencia. sucede cuando el espacio se comparte.

Chantal Maillard dice -me entero gracias a Irma Álvarez-Laviada en el proyecto #Unmetroymedio del CA2M- “el espacio es aquello que soporta las cosas”.

en mi caso lo que soporta el espacio es una relación. cuento historias en esa relación y el espacio contribuye a darle forma. la relación se produce en el espacio que comparten los cuerpos. contar cuentos es un caso particular del hacer juntos, hacer juntas. los cuerpos que comparten el espacio, que se relacionan, no son cosas. son seres humanos.

mi trabajo, esta forma de contar historias arcaica y pretecnológica, no es ni siquiera inventar relatos. es, más bien, capturar la atención, conseguir la escucha, establecer una relación y, en ella, hacer visible lo invisible.

mi estudio, mi taller de artista es un paseo andando, un autobús, el metro, el tranvía, mi casa cuando friego, barro, hago la cama, me ducho… una conversación, también un bar, una biblioteca y sí, ocasionalmente, un lugar con una mesa y material para escribir.  de los libros extraigo a menudo lo que narro. los espacios que he enumerado antes son los lugares en los que elaboro los relatos.  mi trabajo es lo que hago con esos relatos que encuentro.

pero ahí no acaba el proceso de creación, ese es su punto de partida.  no hago algo que luego muestro acabado en un espacio que lo soporte. no hago cosas materiales. hablo, trabajo tanto con el relato como con el espacio donde lo cuento y las personas a quienes cuento. el proceso de creación tiene, como siempre, algo misterioso. lo que se ve es que hablo, lo que no se ve es lo que imagino, todos los gestos pequeños o grandes que he realizado para encontrar el relato y darle un lugar en mi memoria como una semilla encuentra su lugar para crecer, ni se ven las decisiones que van dando forma al relato a medida que hablo. decisiones que tomo en relación con quienes están ahí, conmigo, escuchando, ayudándome con su atención a dar forma a lo que recuerdo. no sé si me explico. a veces es difícil explicar lo más sencillo.

lo que importa no es decir, ni lo que digo, sino cómo lo digo, lo que importa es el “decir con”, este “hacer con” que solo tiene sentido cuando comparto tiempo y espacio con quien está presente conmigo. nos regalamos presencia, nos regalamos presente.

en estos días de encierro vivo sin los placeres que me da mi trabajo, que son muchísimos. escribo esto para explicarme a mí misma mi renuencia a contar cuentos en las redes. no encuentro en ellas nada de lo que me hace amar mi oficio, que es además mi manera de estar en el mundo.

por todo esto no cuento desde casa.

la cabaña de Baba Yaga

Publicado: abril 11, 2020 en Uncategorized
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no sé cómo, pero estoy ahí. la cabaña sobre patas de gallina está frente a mí, pero no la puerta. digo las palabras rituales

cabañita cabañita ponte como antes, como madre te dejó

de espaldas al bosque y hacia mí el frente

la cabaña gira sobre su propio eje y la puerta está frente a mí. entro. está vacía. preparo un bizcocho. salgo a la puerta y grito:

¿hay alguien ahí?

y comparto el bizcocho con quien conteste.

al día siguiente diría:

cabañita cabañita, llévame donde quieras

allá donde pueda compartir mi bizcocho

y la cabaña con patas de gallina se movería. iría de bosque en bosque, de camino en camino, de ciudad en ciudad, de barrio en barrio.

la he dibujado así, casi bailando.

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en un cuento la describen dulce “una casita con patas de gallina, apuntalada por un pastelillo, con techo de oblea y que además daba vueltas”.

en estos días en los que no podemos salir de casa, pienso que me gustaría vivir en la cabaña de Baba Yaga. sin Baba Yaga. creo.

 

 

CARTEL DE DANI BORRÓN

Imagen  —  Publicado: abril 9, 2020 en Uncategorized
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y me he puesto a imaginar. La tempestad, de Shakespeare, debe ser la obra sobre la que he imaginado más. me encanta. hoy he imaginado una instalación.

imagino.

imagino una sala de exposiciones con el suelo cubierto por un mapa a gran escala en el que se ve el mar y algún islote.

imagino que sobre las paredes de la sala, desde el techo hasta el suelo, está escrito en francés, en castellano y si cabe, en inglés, el ensayo de Montaigne “Sobre el canibalismo”.

imagino en el centro de la sala un montón de tierra y sobre él un contenedor de madera, grande, con un lateral abierto que permite ver lo que hay en el interior e incluso, entrar. dentro del contenedor hay: un manto, una batuta, libros de autores antiguos -como el De rerum natura de Lucrecio, o las obras de Teofastro, Platón, Aristóteles…-, un tablero de ajedrez y sus correspondientes figuras, mapas de Milán, Nápoles y otras ciudades italianas, cartas de marear, algún instrumento musical antiguo (de cuerda), miniaturas que representen hombres y mujeres y de algún barco de vela.

imagino que a veces suena una pieza especialmente compuesta para la instalación con canciones de Ariel, sonidos del mar, etc.

pienso que este podría ser un buen espacio para contar La tempestad.