este mes ha salido el libro. llevaba tiempo esperando y ya está aquí. ahora solo falta que encuentre quien lo lea. yo no puedo decir mucho: la criatura es mía y cualquier cosa que opine sobre ella no tiene valor. lo que puedo decir: no es un manual. no es un libro de cuentos.

para animaros a leerlo, si es que eso es necesario o hace falta, solo puedo decir que en él hablo de un oficio que amo apasionadamente. mi oficio, el oficio de contar.

esta es la vuelta de la magdalena (que soy yo). la silueta de Gran Canaria es del cartógrafo del siglo XVIII Tomás López de Vargas Machuca

estos han sido los sitios a los que mi oficio de contar me ha llevado el primer trimestre del año. hice mi primera función del año en San Sebastián de los Reyes. he visto mucha gente. me han invitado a comer arepas en Griñón y supe de la existencia de un cementerio musulmán de la época de la guerra civil, que visité y donde encontré en una lápida el dibujo de una abubilla. en Fraga vi dragones. en Belmonte tuve un público-mar y jugamos a ser marea. hacía tiempo que no contaba en las Rozas y al salir de una de las tres bibliotecas nubes rosas me recordaron atardeceres de otros años. guardo los abrazos de Alicia y Carmen como un regalo. en Guadalajara paseé a orillas del Henares por un caminito que me mostró Estrella Ortiz. fue en enero. la noche había sido muy fría y la escarcha había convertido en joyas brillantes a las hojas de los árboles que estaban en el suelo. el rumor del río y el picoteo de un pájaro carpintero me hicieron olvidar durante breves instantes que estaba en una ciudad. Lorena, la bibliotecaria de Valdemorillo me llevó a Zarzalejo. no deja de sorprenderme lo amable que es. en Agüimes abracé por fin a gente que quiero y que llevaba más de dos años sin ver. regresé de la isla cargada de regalos: de esos que no se ven pero también de queso de flor de Guía (un regalo que todavía estoy disfrutando y que debo a Montse, que me mima siempre).

a Fraga y Guadalajara me llevaron talleres. en el Festival Internacional de Agüimes también impartí uno. estoy haciendo muchos últimamente. en el de Guadalajara, para adolescentes, aprendí sobre Muhammad Ali. en el de Agüimes, una plaza y sus sonidos fueron el mundo entero. sé que algunas funciones de este invierno las guardaré en mi memoria. disfruté mucho. otras, en las que el placer fue más esquivo, o simplemente menos intenso, me han hecho pensar. pienso y pienso, por el vicio de hacerlo. y también por amor al contar.

el deambular de mi oficio me lleva de un lado a otro. yo me dejo llevar.

Dice Calvino que el mapa geográfico presupone una idea narrativa, «está concebido en función de un itinerario, es una odisea». Este es un mapa entre muchos posibles, de mi otoño. Del 3 de septiembre y al 31 de diciembre viajé muchísimo en tren y en autobús, volé en avión hacia el este y hacia el oeste y me llevaron en coche a cuatro funciones. Una lista de lugares, una lista de actividades: mi odisea de bolsillo.

en movimiento

Publicado: enero 26, 2022 en Uncategorized
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el último trimestre de 2021 fue ajetreado. estuve de aquí para allá, como es habitual en quienes nos dedicamos al oficio de contar. y esa es la excusa que tengo para mi pereza: que no pude «hacer nada», esa actividad consistente en no hacer que es mi mayor talento. cuando no hago nada, o hago poco, o simplemente mi vida es un poco más quieta, me resulta más fácil sentarme a escribir cosas. digamos que, en mi caso particular, contar oralmente me lleva a los caminos y escribir me retiene en casa. y digo que es mi caso particular porque sé que no es así para algunas compañeras y compañeros. pero me resulta divertido pensar hoy lo que hago en términos de movimiento. si cuento oralmente tengo que ir, tengo que moverme, porque nadie se acerca a mi casa a escuchar historias, sino que yo acudo, voy al encuentro de quienes quieren escuchar hasta un espacio público que no es ni mi casa ni la de quienes acuden a escucharme. cuando escribo, lo que se mueve es el soporte, que entra en las casas de quienes quieren saber qué me cuento así, por escrito, y entran en internet o compran un libro. yo, sin saberlo, entro en sus casas y estoy en sus manos, literalmente. en mi caso, contar y escribir son actividades complementarias. sin los caminos no tengo historias. pero el equilibrio entre moverme y estarme quieta, eso es algo que todavía no he conseguido. a lo mejor no existe.

si ahora escribo es porque he conseguido estarme quietecita seis días seguidos. mañana vuelvo a ponerme en marcha. me gustaría, en otro momento de quietud hacer un mapa de los sitios a los que fui, contar así el precioso inicio de esta temporada. si no, al menos colgaré una lista de sitios, que seguramente es la forma más antigua de los mapas: una lista de lugares. los mapas más antiguos son relatos, los aborígenes australianos cantan su territorio: cantar y contar están ligados al caminar, al ir de un lado a otro. «si caminas sin parar, todo te saldrá bien» dice Chatwin que dijo Kierkegaard. ¿qué caminos me depara este año que comienza?

respirar

Publicado: marzo 28, 2021 en Uncategorized
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lo que respiro, el aire, entra en mí. la palabra dicha, forma del aire, aliento. la respiro cuando me la dicen. -ahora hablamos con los rostros embozados y manteniendo una distancia, hablar y escuchar son actividades peligrosas- porque nos respiramos cuando conversamos. sin rompernos ni herirnos formamos parte yo de ti y tú de mí. «Los límites son irrelevantes» dice Carson. hablar es mezclarnos, confundirnos. algo físico, mis palabras y las tuyas, cayéndose de las bocas, parte del aire que respiramos. al hablar intercambiamos saludos, ideas, emociones, relatos y aliento. nos respiramos.

feliz 2021

Publicado: diciembre 31, 2020 en Uncategorized

https://vimeo.com/user7073181/review/496088983/f8891aad2e

mi amiga Marina Sanfilippo me envía esta imagen, me dice: «recordando tu pasión»

un hombre pez, un boto brasileño

La imagen es del Museu de Folclore, http://museudefolclore.cnfcp.gov.br/

En el enlace he encontrado información sobre una exposición llamada Os objetos e suas narrativas, de donde copio esto:

«A gente pode entrar ali no Museu do Folclore, pode não haver ninguém falando, pode não haver som algum, estar tudo aparentemente parado, estar tudo aparentemente silencioso e, no entanto, estar tudo falando, eloquentemente, estar tudo gritando com uma força enorme. E é um grito silencioso, é a eloquência do silêncio, é a fala eloquente dos objetos. Cada um por si, cada um dizendo alguma coisa, cada um propondo alguma coisa, cada um chamando para alguma coisa, cada um argumentando de alguma maneira, a favor ou contra alguma coisa, sendo, na verdade, um pedaço de linguagem viva, embora silenciosa.»

sí, claro que sí. como dicen en la web del museo, ¿qué son los objetos sin las historias que los rodean? ningún objeto es mudo. y este cuya imagen me envía Marina me cuenta una historia amazónica y me lleva lejos, lejos en el tiempo y en el espacio, porque me recuerda la época en la que me contaron la historia del hombre pez de Liérganes, hace ya muchísimos años, y cómo esa historia se convirtió en el inicio de mi pasión por los seres extraordinarios y los relatos que los cercan, y recuerdo viajes geográficos y literarios y pienso que sí, que las historias rodean a los objetos, y nos rodean también a nosotros, los humanos que no podemos vivir sin ellas.

comenzar de nuevo

Publicado: noviembre 6, 2020 en Uncategorized
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las primeras anotaciones que tengo este año de «El perro del hortelano» son de febrero. mi amiga Emma Lobo me invita a dirigirla, igual que hace ya veinte años. me parece increíble, desde hace ya varios años puedo usar números de dos cifras para indicar la primera vez que hice esto o aquello. pues bien, hace veinte años Emma me pidió que la dirigiese, fue mi primera vez. y ahora, otra primera vez: nunca antes había montado una obra del siglo de oro español. así que leo «El perro del hortelano» con la certeza de que sé muy poco. así, sabiendo muy poco me llegó primero el asombro y luego el placer y la alegría. en junio, Quico Cadaval, otro admirado artista a quien puedo decir que conozco desde hace tiempo, (un número de años de dos cifras), Emma y yo comenzamos a jugar juntos en torno a «El perro del hortelano». la última semana de septiembre comenzamos el primer ciclo de ensayos que cerramos el 31 de octubre presentando «El perro mutante del hortelano» en el claustro del Convento de las Clarisas de Elche dentro del Festival Medieval. una pieza de cuarenta minutos, con algo de site specific, en la que hay humor, un rap, juegos con el público y, por supuesto, verso. Lope es un autor generoso que invita al juego. y como también son generosos Emma y Quico, dirigir en este caso ha sido tanto encontrar un lenguaje con el que contar una historia como elegir, elegir y elegir otra vez entre muchas posibilidades. cada vez que dirijo me pregunto en qué consiste. cada proyecto es comenzar de nuevo, buscar a tientas, intentar huir de lo conocido o usarlo como trampolín para llegar a otra cosa. nos quedan dos períodos de ensayo aun para terminar la versión para sala de teatro. y sea lo que sea, ya sé que habrá alegría, ligereza y fuerza. así está siendo este otoño que he comenzado junto al mar. sorprendentemente, gracias Lope de Vega, Quico Cadaval y la energía y valentía de mi amiga Emma, no estoy triste en este principio de temporada marcado por la COVID19. y puedo una vez más, comenzar de nuevo. 

relecturas

Publicado: septiembre 4, 2020 en Uncategorized
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Releo mi entrada «Autobiografía» en la que comento una lectura de Piglia al lado de otras, porque como decía Calasso (ya está, ha vuelto a suceder), las historias nunca vienen solas. La cita exacta es «Las historias jamás viven solitarias: son ramas de una familia, que hay que recorrer hacia atrás y hacia adelante.» En mi autobiografía pigliesca o pigliana (¿se podrá decir así?), o sea, la que constituyen las lecturas que hago, entró Dante hace muy poco. La lectura es acontecimiento, un acontecimiento íntimo pero acontecimiento, es decir, sucede, cuando realmente te toca. Acudimos al tacto para revelar la hondura de un encuentro. Algo te toca o no. A mí me tocó Dante. Y desde que lo leí hay versos que se pasean por mi imaginación casi en zapatillas de andar por casa, de tan presentes y cotidianos. Me parece cada vez más un prodigio esa bella e irreverente obra de autoficción medieval que reune la tradición grecolatina y la judeocristiana. Una podría, siguiendo los pasos de Dante por el infierno, el purgatorio y el paraíso, recorrer el inicio de la historia de la literatura occidental. Acompañas a Dante en su viaje imaginario y descubres que te atañe aunque no seas creyente, aunque haya pasado tanto tiempo, aunque no tengas el conocimiento necesario para entender todos los hilos que se trenzan en esa trama. Le debo a Borges la curiosidad y a la magnífica traducción de José María Micó el placer.

Los versos que más insistentemente se me cuelan en la memoria, que revolotean por ella en zapatillas de andar por casa son

«¡Ay!, humanos, nacidos para el vuelo,

¿por qué os hace caer tan poco viento?»

Dice José María Micó en su apasionada introducción a la obra, que los clásicos los son por excepcionales y extravagantes. En este tiempo raro que vivimos, tengo la maravillosa extravagancia de Dante al lado y, a ratos, la releo.

jardines de letras

Publicado: septiembre 2, 2020 en Uncategorized
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Nunca he pasado tanto tiempo sin contar cuentos como este año 2020. Desde mediados de marzo hasta ahora no he podido realizar mi oficio, que es, además, mi manera de estar en el mundo. En este tiempo raro me he dedicado a varias cosas: dibujar, leer y escribir. También veo series y hago autodefinidos. Paseo bastante, me gusta mucho caminar.

Leo fundamentalmente novelas de aventuras. Desde niña han sido mi consuelo mayor cuando no puedo moverme. Si estaba enferma, leía una y otra vez «La isla del tesoro» y «La flecha negra» de R. L. Stevenson, «20.000 leguas de viaje submarino» de Julio Verne y «El libro de las tierras vírgenes» de Rudyard Kipling. A partir de los catorce años se añadió a la lista «El señor de los anillos» de Tolkien. Cuando crecí más, añadí a Joseph Conrad a la lista de autores que me hacen viajar sin moverme del sitio. Últimamente se han sumado Ursula K. Le Guin y Fred Vargas. A las dos las releí con enorme placer durante el confinamiento. Mi imaginación se mueve por donde mi cuerpo no puede y así no me come la tristeza.

Dice Fedro hablando con Sócrates que el discurso escrito es reflejo del hablado y el propio Sócrates llama a lo escrito «los jardines de las letras». Son estos jardines los que ahora me salvan, tanto los sembrados por otras personas, hermosísimos algunos, como los que siembro yo mientras espero. Esa es la aventura que me ocupa hasta que, un poco más adentro de este mes de septiembre, comience cerca del mar otra aventura nueva. Así voy, de una a otra, como si fuera un caballero andante, pero más quieta.