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aventuras de mayo

Publicado: mayo 24, 2017 en Uncategorized
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Los días 3, 4 y 5 de mayo estuve en la Comarca de la Litera. Un territorio ocupado por seres humanos desde hace más de 100.000 años. Trabajé en tres pueblos: Tamarite de Litera, lugar de paso de peregrinos que hacen el Camino de Santiago desde Montserrat, fue mi centro de operaciones de esos días; Altorricón, donde están los restos neolíticos más antiguos de Aragón; y Binéfar, hogar de los famosos Titiriteros de Binéfar, Premio Nacional de las Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud 2009.

Conté para personas de 2 a 100 años. Guardo imágenes de momentos preciosos que viví contando, momentos de encuentro con quienes estaban ahí y me regalaron su escucha atenta. Ancianas, como niñas, me enseñaron piedrecitas que recogían y llevaban en el bolso; niñas y niños me preguntaron por mis viajes “Cuéntanos qué mamíferos has visto”, “Canta otra vez la canción en japonés”, “¿Qué es una encrucijada?”, “¿Te sabes una canción en árabe?”, los bebés volaron conmigo como vuelan los dragones. En Tamarite conté a Carlos, de 2 años, por la mañana y a su tía por la noche, que antes de irse me dijo “le diré a Carlos que a mí también me ha contado cuentos Mata”. En Altorricón, niñas y niños de 1º, 2º y 3º me hicieron una entrevista al acabar la función, y una me dijo “¿Siempre estás tan contenta como ahora?”

El secreto de mi felicidad de esos días está en la escucha. Se me aparece en la imaginación como la llave de oro del cuento de los Grimm, que el protagonista encuentra por casualidad. Hay días que yo también la encuentro y cuento con ella. Todo se abre, empezando por mí, claro. Luego se abren las historias, que respiran de otra manera, se abren espacios de juego inesperados, se abre el público, se abren caminos que me conducen a lugares que desconocía y me siento como una exploradora feliz viviendo una aventura que desearía que no acabara nunca.

La aventura fue posible gracias a Pili Puso, la bibliotecaria de Tamarite, que organizó todo y fue la mejor anfitriona que una puede desear. Y gracias a Carmina, bibliotecaria de Binéfar y Consuelo, bibliotecaria de Altorricón, que me hicieron sentir de maravilla en sus bibliotecas.

No siempre estoy tan contenta como esos días, y por eso escribo estas líneas. Para no olvidar.

Mirad qué hermosura de vídeo nos ha hecho Diego. ¿A que dan ganas de participar?

Durante noviembre y diciembre del año pasado estuve en residencia artística en Donostia. Invitada por DSS2016, San Sebastián Ciudad Europea de la Cultura, trabajé con Lorea Igartua en el proyecto KontuKontanitz. Había estado en la ciudad en junio, realizando el taller Break a leg!, donde conocí a Lorea. Entre unas cosas y otras, seis semanas en Donostia, cerca del mar. Un lujo.

Este mes he presentado la memoria de la residencia artística. Será por eso que me han venido a la memoria muchas cosas que hice en esos días: conversar y pasear con Lorea, correr por la playa, ver exposiciones, recoger hojas secas, mojarme bajo la lluvia, visitar a personas que no conocía, ver un ensayo de danza, leer un libro de Leila Guerriero, ir a dos bibliotecas (la del C.C. Okendo y la Koldo Mitxelena,-maravillosa-), mirar el mar, ver a gente surfeando… Mi trabajo era escuchar y mirar. Sumergirme. Acercarme. Hacerlo con la esperanza de que algo pasara y tener, entonces, algo que contar. Y sucedió “Ella siempre hace lo que quiere”, un poema y dos relatos, que cuentan acerca de flores y sus deseos, acerca de viajar, crecer y sobre todo, acerca de bailar -que es la pasión de Lorea-.

Este mapa (que voy a mejorar próximamente) es un resumen de esos días. Hay trabajos que son un regalo.

mapa Donostia 001.jpg

ImagenEste mes de junio está siendo fértil. En el Maratón de los cuentos Guadalajara presentamos “El cuerpo como lugar de ecos”, una experiencia sensorial en torno a la palabra hablada que resultó muy estimulante y gustó mucho. Cristina Verbena, Dani y Nieves (de Borrón y cuento nuevo) y yo susurramos palabras, versos, recuerdos por el cuerpo de las personas que se atrevieron a entrar en nuestra cueva. La piel se convirtió en oreja, el cuerpo entero escuchaba. Quienes hablábamos recorríamos el cuerpo del otro con palabras. El otro, quien escuchaba, se convertía en protagonista, hacía -con los retazos que le ofrecíamos- la historia. Una historia personal y, desde luego, misteriosa. Nunca sabremos lo que imaginaban.

El próximo 29 estreno en el CDN “Mano a mano”, un espectáculo de cuentos contados oralmente y en lengua de signos. Trabajo con Christian Gordo “Chrisgo”, un actor sordo del que estoy aprendiendo también acerca de la escucha: una persona sorda escucha con los ojos. Su mundo es visual, su modo de comunicarse, visual y gestual. Christian habla con todo el cuerpo, se mueve con una enorme fuerza expresiva y con mucha belleza. Hablar con él significa mirar y ser mirada, como siempre, sí, pero de una manera diferente. Lo que se ve lo es todo.

¿Qué es escuchar? Volverse hacia el otro, abrirse a él, dejar que entre. Recibir. Acoger. ¿Que se mueve cuando escuchamos? ¿Qué hacemos? ¿Cómo lo hacemos?

Escuchar. Dice mi Pequeño (y viejo) Larousse que es “Oír con atención. Prestar atención a lo que dice otro”. No se agota en esta escueta definición lo que es, y sobre todo, lo que significa escuchar. Habrá que pensar en ello.