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Autobiografía

Publicado: octubre 25, 2015 en Uncategorized
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Dice Ricardo Piglia en Formas breves: 

“La crítica es la forma moderna de la autobiografía. Uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas. ¿No es a la inversa del Quijote? El crítico es aquel que encuentra su vida en el interior de los textos que lee.”

Acabo de terminar Prisión perpetua, de Piglia también, y solo la pereza me libra de la tentación de transcribir fragmentos, sin apenas comentarios. Copiar frases, proposiciones acerca del arte de narrar. Me estimula intelectualmente Piglia, o sea, me hace cosquillas y me apetece, al hilo de sus pensamientos, pensar yo, pensar mi oficio y mi vida, que son casi lo mismo. Cuento historias, es mi forma de estar en el mundo. Relato sobre el escenario, contando oralmente o dirigiendo, me fascinan en las novelas y cuentos que leo las situaciones de narración y quienes narran: Sherezade, Simbad, Blancaflor o el Marlow de Lord Jim. Encuentro mi vida en el interior de los libros que leo, también en las obras de teatro y las películas que me conmueven; y la pienso mejor, acompañada. No sé por qué necesito tanto leer, escuchar, ir al teatro y al cine. Sé que hay un hambre que solo se sacia con relatos. Y a veces ni siquiera me importa mucho la exquisitez: me basta con una historia bien contada. Lo que eso significa es diferente en cada momento. Hoy ha sido Piglia. En la autobiografía que, según sus palabras, ahora escribo, encuentro mi vida aquí: “El relato está ligado a las artes adivinatorias, dice el Pájaro. Narrar es transmitir al lenguaje la pasión de lo que está por venir.” Pienso en los narradores del futuro que he conocido. Hay quien habla siempre del pasado y hay quien lo hace de lo que sucederá cuando… Donde he puesto los puntos suspensivos está la historia que comienza con un billete de lotería premiado, un nuevo trabajo, una casa nueva, un viaje, una fiesta o una noche de copas. Somos narradores del futuro con los niños y las niñas, sean hijos nuestros o no. Aunque estoy segura de que no es de esto de lo que habla Piglia. Es otra cosa y por eso le doy vueltas. Y recuerdo el cuento de la lechera, que tanta rabia me dio siempre.

Este penúltimo domingo de octubre pienso acerca de mi oficio, de este arte de contar que los seres humanos practicamos con mayor o menor habilidad y que a mí, literalmente, me da la vida.

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He trabajado los dos fines de semana de mayo en la calle. En Un barrio de cuento (Zaragoza) y el Festival ALAIRE (Leganés). Espacios abiertos, día, aire libre. El equipo de sonido, imprescindible. En Zaragoza, una tarima. En Leganés, mi espacio de papel kraft pegado al suelo. Formaba parte de la tarea de contar atrapar la atención del paseante, del transeúnte, del que simplemente pasaba por ahí y hacerle quedarse, detener su marcha para que, por un momento, me acompañara y entráramos juntos en otro tiempo y en otro espacio. Trabajar en la calle, quienes lo han hecho lo saben, tiene dificultades inherentes. Pero yo, que no lo he hecho muy a menudo, he sentido más profundamente que nunca algo esencial para el oficio: no se puede contar sin la colaboración del público. Lo que significa esta colaboración, la apertura al otro de parte tanto de quien habla como de quien escucha, ha sido una vivencia deliciosa. Sé que en las funciones que hice al aire libre en Zaragoza y Leganés pude contar porque hubo quien colaboró conmigo, quien me ayudó, quien sostuvo el relato con su colaboración.

En todas las ocasiones, yo me acerqué primero. Necesitaba presencia y atención de un público que, en muchos casos, no sabía que iba a serlo. Después vino la maravilla: sucedió, lo hicieron, se acercaron. Estuvieron allí y me escucharon, entraron en el relato. Entramos juntos en las historias y su tiempo. Claro que hubo quien se marchó, tal vez no le interesó lo que pasaba. Tal vez tenía, simplemente, otras cosas que hacer. Pero quienes se quedaron me acompañaron y dieron sentido a mi oficio. Los sentí diciéndome: sigue, continúa que estamos aquí escuchando. Yo solo tenía que estar. Y respondí lo mejor que pude, lo mejor que supe. Conté mis historias. Lo sepamos o no, cada función es producto de una colaboración, de un encuentro. Que el encuentro suceda es uno de esos prodigios cotidianos que me gusta saber que existen.

 

primavera viajera

Publicado: mayo 15, 2014 en Uncategorized
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Como casi siempre, abril ha resultado ser un mes de bastante movimiento, y mayo (por suerte) no se queda atrás. Una lista: Alange (Badajoz), Cuentacuarenta en Ávila, Kubik Fabrik y 6º derecha en Madrid, Teverga (Asturias), Bibliotecas y Teatro en Móstoles y el Festival Escena Mobile en Sevilla. Este fin de semana, Un barrio de cuento en Zaragoza y el Museo del Prado en Madrid.

El domingo 18, día de los museos, presentaremos Mano a mano, cuadro a cuadro, una adaptación de Mano a mano en la que los cuadros del museo nos ayudan a comunicarnos. Para preparar la adaptación visité el Prado y tuve la suerte de ver Historias Naturales de Miguel Ángel Blanco. Instalaciones en las se establecía un diálogo entre piezas del museo de Ciencias Naturales y las grandes obras del Prado. Dialogar, conversar, comunicarnos. Qué necesidad tan impresionante esta de contar.

…”nadie puede saber cuántos mundos hay en el día de un cronopio o un poeta” decía Cortázar. Yo, que quisiera ser alguna de las dos cosas, creo que he tenido la suerte de pasear por unos cuantos mundos gracias a esta primavera viajera.

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Las fotos: mirando al público en el Colegio de Arquitectos de Ávila (foto de Eulalia Martínez), mis pies en la Biblioteca Central de Móstoles, el puente de Toledo tempranito en la mañana, antes de ir a Sevilla.