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y van 7

Publicado: abril 23, 2019 en Uncategorized
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érase cartel

estoy disfrutando mucho de los líos en los que me he metido con la presentación de la Muestra del Libro Infantil y Juvenil. Llego a bibliotecas y pueblos de la Comunidad de Madrid a los que nunca había ido (Pinilla del Valle, Navalagamella…) cargada con libros, un tocadiscos, un barco de papel, una cajita de música y otros objetos pequeños y despliego sobre la mesa las cosas para jugar el juego que he decidido jugar. A medida que pasan las funciones voy añadiendo y ajustando: ahora hay más versos que en la primera y un cuento que puede aparecer o no. Me muevo cargada y feliz. A veces pensando “¡qué necesidad!”, si me duele la espalda o un hombro, la mayor parte de los días sintiendo que es una maravilla mi oficio. En Majadahonda, una crítica anónima: una niña gritó entre cuento y cuento “¡Eres una artista!”. ¿Qué más puedo pedir?

mitos, historias, versiones…

Publicado: septiembre 20, 2018 en Uncategorized
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A veces, un libro te lleva a otro. Eso me sucedió este verano que acaba. Un ensayo de Simic me llevó a un libro inclasificable de Roberto Calasso. Simic y Calasso poblaron mi imaginación en medio del calor. Y por ellos, he vuelto a enamorarme de la mitología griega. De niña me fascinaban los dioses y diosas del Olimpo. De adolescente imaginé que les conocía: Afrodita me enseñaba las artes del amor, con Ártemis y Apolo aprendía el arte del tiro con arco, Atenea me enseñaba a hilar pensamientos y relatos…

Calasso, en Las bodas de Cadmo y Harmonía habla de los dioses con familiaridad, como si los hubiera conocido. Cuenta sus historias, refiere diferentes versiones de un mismo mito, fascinado por todas ellas. Dice

“Los griegos se acostumbraron, como a un hecho normal, a oír las mismas historias contadas con tramas diferentes. Y no existía autoridad última a la que referirse para saber cuál era la versión justa. Homero era el último nombre evocable: pero Homero no había contado todas las historias.”

Pienso en la maravilla de aceptar que un mito sea la suma de todas las versiones que existen de él. Implica una manera de entender la verdad de la que me siento cerca. Nunca hay una sola y única historia acerca de nada. Este pensamiento me da libertad, me obliga a mirar con atención y a no conformarme, me invita a jugar con la diversidad y me estimula. Me dice “cuenta, cuenta…”. Y claro, tengo que contar. Soy una hija de Homero.

…”la imagen de una persona célibe, imposible, gratuita y delirante, es decir: un artista portátil, o, lo que es lo mismo, alguien a quien uno puede llevar tranquilamente a cualquier parte.”

“Sólo buscaban viajar contándose historias.”

…”no tener un sistema que proponer, sólo un arte de vivir.”

“Mas que artistas, que suena hueco y pomposo, somos artesanos, es decir, gente que hace cosas.”

Es así, exactamente así, como me siento haciendo mi trabajo. Esto de contar historias es un oficio de artistas portátiles, artesanos y artesanas, gente que viaja contándose, contando, historias. ¿Qué mejor aspiración que la de ser considerada alguien a quien se puede llevar tranquilamente a cualquier parte?

Imagen…míos y ajenos. El miércoles pasado, 23 de mayo, estuve en la presentación del libro de Cristina Verbena “El baile de la tarántula” en “El pequeño teatro de los libros”, una librería de Zaragoza donde es un placer contar cuentos. Chus Juste, una de mis bibliotecarias de referencia, hizo de maestra de ceremonias. Creó una red, una tela de araña, de afinidades y afectos que nos envolvió a todos: al libro, a la autora y a todas las personas que asistimos a la presentación. Hasta bailamos una tarantela. El libro merece el baile, la red y la celebración: es una belleza, absolutamente recomendable. Si quieres ver algunas imágenes del texto, ilustrado por Rebeca Luciani, entra en www.lafragatina.com. Vale la pena.

Este jueves 31, en la Feria del Libro de Madrid cuento “Berta” (y otras historias), invitada por la editorial Oxford que hace un par de años lo publicó. “Berta” lleva ya tres ediciones. Y sigue siendo para mí todo un placer contarlo.

ImagenDe paso, recorreré ese mar de historias que es la Feria del Libro. Me darán, como siempre, unas inmensas ganas de comprar mucho, no compraré casi nada, y me limitaré a pasear entre casetas tentadoras.

Cuánto se escribe. Me da vértigo pensar en todos los libros que no leeré, en todas las historias en las que no me sumergeré. De pequeña era uno de esos abismos que me empujó a hacer listas. Listas retocadas una y mil veces de libros que tenía que leer. No creo haber conseguido leer todos los libros de ninguna lista. Pero las sigo haciendo. Con ellas, el abismo se hace más manejable, hay un lugar por donde empezar, un hilo del que tirar…

Una de mis imágenes del infinito es la de una biblioteca en la que están todos los libros que no he leído. Esa imagen (junto a la de la Feria del Libro de Madrid y mi enorme pereza) me convenció de que era absolutamente innecesario que yo escribiera. ¡Con lo que me quedaba por leer!  Terminé traicionando esa convicción. Y de esa traición es producto “Berta”. Una historia que a fuerza de ser contada y en un arranque de vanidad, decidí escribir. No me arrepiento. La criatura me ha dado hasta ahora sólo placeres.

Contar lo que se ha visto

Publicado: abril 30, 2012 en Uncategorized
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“-¿Ha visto? -preguntó.

Asentí, sin hablar.

Eso fue todo.

-Ahora, entonces -dijo-, puede irse y contar lo que ha visto.”

                                           Ricardo Piglia, El último lector

Eso es todo. De eso va contar historias. De ver y hablar. Ver y oir y tocar y sentir, vivir en suma, y contar eso que se vive. Piglia, en el magnífico prólogo del que proviene la cita habla de una moneda griega hundida en el lecho de un río que representa lo que se ha perdido, de una ciudad diminuta que trata de hacer visible lo invisible, de mapas… Acaba diciendo “lo que podemos imaginar siempre existe, en otra escala, en otro tiempo, nítido y lejano, igual que en un sueño.”

Lo que imaginamos siempre existe, y lo que contamos. Lo que hablamos construye en cierta medida la realidad. Hay que hablar, sí. Hablar para que el mundo exista. Como el personaje de Jean-Claude Carriere que cuenta cara al océano. Definimos la realidad con las palabras. Si no hablamos de algo, ese algo no existe, nos dicen los medios de comunicación. Así que hay que hablar para que exista aquello de lo que se habla poco. Para que ocupe espacio. Sí, hay que hablar, me digo. Es mi oficio. Soy una mujer que habla. Pero ¿qué decir?