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El lunes que viene es el último día (al menos por ahora) de un trabajo fértil y hermoso, con el que aprendo y disfruto. Lo comparto con Cristina Verbena y esto ya es un lujo. Vino de la mano de Ignasi Potrony y trajo consigo todo un aprendizaje sobre la manera de acercarse a las historias de tradición oral y de contarlas. Estoy hablando de “Tantos cuentos, tantos mundos”.

Contar, hablar y jugar con relatos de diferentes culturas, eso he hecho en CaixaForum Zaragoza en estos días. Y allí, gracias a los relatos, los coloquios y los juegos, los niños y niñas participantes me han informado de que los cuentos vienen de la boca y también de los sueños. Me han dado el final de una secuencia de gestos (era tan evidente, que una se pregunta ¿cómo no se me ocurrió a mí?, pero no, se le ocurrió a la niña de cuatro años, Julia, que tenía justo al lado). He descubierto que adoran a una viejita japonesa que ríe y que los niños y las niñas de 4 años se llevan los cuentos en los ojos, en las manos, en los pies, en las orejas y en las cejas. Me han hecho pensar que si un cuento se puede guardar en la nevera, (uno de ellos tenía la certeza de que era el sitio adecuado), tal vez signifique que los relatos alimentan, son comida. Resumo: aprendo un montón.

Y porque aprendo, sé que este trabajo y las propuestas de Ignasi son algo más que una invitación a internarse en el bosque de la tradición oral. Estoy dando los primeros pasos en él y, si miro hacia atrás, veo todavía el camino posible para salir por donde he venido, pero la aventura me espera un poco más allá, en ese lugar en el corazón del bosque a donde todavía no he llegado.

 

¿Qué historia…

Publicado: septiembre 10, 2012 en Uncategorized
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¿Qué historias escondidas, acontecimientos mantenidos en secreto, actualizamos sin saberlo, sin darnos cuenta, en nuestro comportamiento cotidiano? ¿Qué historias ocultas revela nuestra conducta? ¿De qué historia/acontecimiento no hemos podido salir y repetimos sin saberlo?

En todas las vidas hay, al menos, un acontecimiento. El acontecimiento que revela, ilumina, una vida o un carácter. A veces el acontecimiento es aventura, otras tragedia, comedia, drama… Y a veces, ese acontecimiento permanece sumergido en el mundo de lo no hablado. Su poder entonces es enorme, porque no se sabe, no se reconoce, pero está ahí, obligándonos a revelarlo en la acción, repitiéndose una y otra vez.Imagen

En estas cosas me hace pensar Silvia, la narradora de Selva. Huye de algo, cuenta una y otra vez la misma historia (¿para qué? ¿qué buscamos cuando hacemos esto?). Su huida la salva y la atrapa. La historia que cuenta, increíble, ¿qué encubre?

¿Qué sucedió realmente que no puede decirse sino a través de esa historia extraña? ¿Por qué a pesar de su huida no puede escapar de ella? ¿Qué nos sucede cuando no podemos hablar?

Contar lo que se ha visto

Publicado: abril 30, 2012 en Uncategorized
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“-¿Ha visto? -preguntó.

Asentí, sin hablar.

Eso fue todo.

-Ahora, entonces -dijo-, puede irse y contar lo que ha visto.”

                                           Ricardo Piglia, El último lector

Eso es todo. De eso va contar historias. De ver y hablar. Ver y oir y tocar y sentir, vivir en suma, y contar eso que se vive. Piglia, en el magnífico prólogo del que proviene la cita habla de una moneda griega hundida en el lecho de un río que representa lo que se ha perdido, de una ciudad diminuta que trata de hacer visible lo invisible, de mapas… Acaba diciendo “lo que podemos imaginar siempre existe, en otra escala, en otro tiempo, nítido y lejano, igual que en un sueño.”

Lo que imaginamos siempre existe, y lo que contamos. Lo que hablamos construye en cierta medida la realidad. Hay que hablar, sí. Hablar para que el mundo exista. Como el personaje de Jean-Claude Carriere que cuenta cara al océano. Definimos la realidad con las palabras. Si no hablamos de algo, ese algo no existe, nos dicen los medios de comunicación. Así que hay que hablar para que exista aquello de lo que se habla poco. Para que ocupe espacio. Sí, hay que hablar, me digo. Es mi oficio. Soy una mujer que habla. Pero ¿qué decir?