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Escucho el canto de los pájaros desde mi nueva casa, no tan luminosa como la anterior, pero bonita. Me siento a gusto aquí. Ahora, ir andando de mi casa al centro de la ciudad me supone más tiempo: una hora más o menos. Pasado un primer momento de incomodidad, he descubierto que me gusta. Me gusta tomarme ese tiempo, descubrir caminos nuevos, pasear por otros barrios. La ciudad se abre de un modo diferente con cada mudanza. ¿Cuántas habré vivido ya? Como soy mayor, unas cuantas. Bastantes… Descubro de todas maneras que me gusta moverme, ir de acá para allá, y no solo en mi ciudad. Me muevo, voy de un lado a otro. Cada trayecto me muestra sus paisajes, paso por lugares que conozco y voy a lugares nuevos. El mes pasado, por ejemplo, fui por primera vez en mi vida a Estrasburgo. El motivo, una invitación a contar cuentos en el Festival “De bouche à oreille et de boca en boca”. Disfruté muchísimo del trabajo, de la hospitalidad de Ligia, de los paseos con Paula Carballeira, Willo Arunátegui, Patricia Picazo, José Manuel Garzón y Cristina Verbena. En la catedral de Notre-Dame descubrí imágenes grabadas por gente de otros siglos, graffitis en la piedra.

Hay cosas pequeñas que me maravillan, como estas marcas en la columna gótica de la catedral, al lado del imponente reloj astronómico. También me fascinó la exposición de Käthe Kollwitz en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo. Y una librería a la que Paula nos llevó varias veces. O el otoño a orillas del río y el continente desde la ventanilla del avión. Volveré a ver los graffitis en piedra. Cada año el festival decide que un narrador o una narradora repitan y  me han invitado a regresar. Así que estoy feliz porque seguiré moviéndome, yendo de un lado a otro. Ya tengo apuntada una cita para octubre del 2020 en Estrasburgo.

y van 7

Publicado: abril 23, 2019 en Uncategorized
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érase cartel

estoy disfrutando mucho de los líos en los que me he metido con la presentación de la Muestra del Libro Infantil y Juvenil. Llego a bibliotecas y pueblos de la Comunidad de Madrid a los que nunca había ido (Pinilla del Valle, Navalagamella…) cargada con libros, un tocadiscos, un barco de papel, una cajita de música y otros objetos pequeños y despliego sobre la mesa las cosas para jugar el juego que he decidido jugar. A medida que pasan las funciones voy añadiendo y ajustando: ahora hay más versos que en la primera y un cuento que puede aparecer o no. Me muevo cargada y feliz. A veces pensando “¡qué necesidad!”, si me duele la espalda o un hombro, la mayor parte de los días sintiendo que es una maravilla mi oficio. En Majadahonda, una crítica anónima: una niña gritó entre cuento y cuento “¡Eres una artista!”. ¿Qué más puedo pedir?

Comencé la temporada haciendo algo que nunca había hecho: el crooner Javier Botella confió en mi para trabajar juntos. He sido algo así como su coach. Un placer.

El 29 de septiembre volví a Perú. Llevaba 11 años sin ir y el reencuentro ha sido estupendo. He trabajado mucho, he estrenado un cuento y comenzado a probar una sesión nueva: “Cuerpos extraordinarios”.  Además, he conocido a gente linda: Silvia, Luz, Richard, Cadu, Warley, Ina, Gary, me he reencontrado con gente querida, he visto espectáculos hermosos… participar en el Festival “Déjame que te cuente” invitada por mi amiga Marissa ha sido un placer que he combinado con un seviche espectacular en el Cantarrana de Barranco, causa limeña en casa de Nelly y Pepe y un delicioso pisco souer en la Rosa Náutica.

Llegué a Madrid y casi directamente entré en la sala de ensayos, estábamos en las previas de “Cáscaras vacías” que vuelve a la sala Princesa del María Guerrero. Y allí estará hasta el 12 de noviembre.

El miércoles 18 de octubre Nilo Gallego y yo volvimos al CA2M para hacer el taller ruido y ciudad. Niñas y niños participantes volvieron a maravillarnos con sus definiciones de ruido y de ciudad: “un ruido es para jugar”, “la ciudad es un lugar para ser felices”.

Este sábado 21, David Blanco y yo hacemos en Móstoles “Otra gente”, cuentos contados oralmente y en lengua de signos. David y yo estamos jugando juntos. Como una niña y un niño que se encuentran en una fiesta de cumpleaños y no quieren que sus papás vayan a buscarles.

El inicio de la temporada está siendo así: variado, placentero, amoroso. Lleno de encuentros y reencuentros. Hago cosas que sé y cosas que no he hecho nunca. Estoy contenta con este comienzo. Sí, me dirán, pero también habrá cosas malas o negativas o irritantes ¿verdad? No voy a decir que no, pero esas ¿para qué recordarlas? A lo mejor otro día. Hoy no quiero.

 

aventuras de mayo

Publicado: mayo 24, 2017 en Uncategorized
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Los días 3, 4 y 5 de mayo estuve en la Comarca de la Litera. Un territorio ocupado por seres humanos desde hace más de 100.000 años. Trabajé en tres pueblos: Tamarite de Litera, lugar de paso de peregrinos que hacen el Camino de Santiago desde Montserrat, fue mi centro de operaciones de esos días; Altorricón, donde están los restos neolíticos más antiguos de Aragón; y Binéfar, hogar de los famosos Titiriteros de Binéfar, Premio Nacional de las Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud 2009.

Conté para personas de 2 a 100 años. Guardo imágenes de momentos preciosos que viví contando, momentos de encuentro con quienes estaban ahí y me regalaron su escucha atenta. Ancianas, como niñas, me enseñaron piedrecitas que recogían y llevaban en el bolso; niñas y niños me preguntaron por mis viajes “Cuéntanos qué mamíferos has visto”, “Canta otra vez la canción en japonés”, “¿Qué es una encrucijada?”, “¿Te sabes una canción en árabe?”, los bebés volaron conmigo como vuelan los dragones. En Tamarite conté a Carlos, de 2 años, por la mañana y a su tía por la noche, que antes de irse me dijo “le diré a Carlos que a mí también me ha contado cuentos Mata”. En Altorricón, niñas y niños de 1º, 2º y 3º me hicieron una entrevista al acabar la función, y una me dijo “¿Siempre estás tan contenta como ahora?”

El secreto de mi felicidad de esos días está en la escucha. Se me aparece en la imaginación como la llave de oro del cuento de los Grimm, que el protagonista encuentra por casualidad. Hay días que yo también la encuentro y cuento con ella. Todo se abre, empezando por mí, claro. Luego se abren las historias, que respiran de otra manera, se abren espacios de juego inesperados, se abre el público, se abren caminos que me conducen a lugares que desconocía y me siento como una exploradora feliz viviendo una aventura que desearía que no acabara nunca.

La aventura fue posible gracias a Pili Puso, la bibliotecaria de Tamarite, que organizó todo y fue la mejor anfitriona que una puede desear. Y gracias a Carmina, bibliotecaria de Binéfar y Consuelo, bibliotecaria de Altorricón, que me hicieron sentir de maravilla en sus bibliotecas.

No siempre estoy tan contenta como esos días, y por eso escribo estas líneas. Para no olvidar.

Durante noviembre y diciembre del año pasado estuve en residencia artística en Donostia. Invitada por DSS2016, San Sebastián Ciudad Europea de la Cultura, trabajé con Lorea Igartua en el proyecto KontuKontanitz. Había estado en la ciudad en junio, realizando el taller Break a leg!, donde conocí a Lorea. Entre unas cosas y otras, seis semanas en Donostia, cerca del mar. Un lujo.

Este mes he presentado la memoria de la residencia artística. Será por eso que me han venido a la memoria muchas cosas que hice en esos días: conversar y pasear con Lorea, correr por la playa, ver exposiciones, recoger hojas secas, mojarme bajo la lluvia, visitar a personas que no conocía, ver un ensayo de danza, leer un libro de Leila Guerriero, ir a dos bibliotecas (la del C.C. Okendo y la Koldo Mitxelena,-maravillosa-), mirar el mar, ver a gente surfeando… Mi trabajo era escuchar y mirar. Sumergirme. Acercarme. Hacerlo con la esperanza de que algo pasara y tener, entonces, algo que contar. Y sucedió “Ella siempre hace lo que quiere”, un poema y dos relatos, que cuentan acerca de flores y sus deseos, acerca de viajar, crecer y sobre todo, acerca de bailar -que es la pasión de Lorea-.

Este mapa (que voy a mejorar próximamente) es un resumen de esos días. Hay trabajos que son un regalo.

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De aquí para allá

Publicado: febrero 28, 2016 en Uncategorized
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Durante la semana que acaba hoy he estado así, de aquí para allá. De Salamanca a Zamora y de Zamora a León. Llevando de un lado a otro mis historias, contando para niñas y niños, contando para adultos. He recibido muchos comentarios agradables y felicitaciones, estoy contenta. Han dicho de mis historias que son diferentes. Es un halago enorme y que me encanta, porque no solo reconoce una de las tareas de quienes contamos (tener un repertorio personal), sino que pone en valor la necesidad de lo diverso. Una cuestión importante en estos tiempos en los que desde tantos lugares se siente la presión de un pensamiento único, de una sola verdad, un sólo modo de hacer las cosas.

Aparte de la alegría de estos halagos, me llevo otras. Por ejemplo, el placer enorme de pasear por tres bellas ciudades, una de las cuales visité por vez primera: León. Hoy estuve intentando perderme en la zona vieja de la ciudad y entré en la basílica románica de San Isidoro. Acababa de terminar la misa, había corrillos en la puerta. Algunas señoras mayores se habían quedado en la iglesia y rezaban el rosario de rodillas en los reclinatorios. Me fijé que en algunas piedras de las paredes había marcas con forma de flecha y pensé que habían servido a los constructores para señalar posiciones de colocación. Seguí mirando con atención y descubrí una letra, la b. Buscar estas marcas se convirtió en un juego. Fui mirando a la altura de mis ojos y encontré una en forma de ballesta, más letras, y terminé por fotografiar algunas de ellas.

Me encantó encontrarlas, tocarlas y especular. ¿Serían señales de los canteros? Imaginé la necesidad de perdurar, de decir “yo hice esto”, “existo”. Pensé en los gestos que las hicieron posibles. Tal vez alguno de ellos haya desaparecido para siempre, pero otros perduren, como perduran y se pierden los gestos cotidianos: los del trabajo o esos de todos los días que hacemos sin darnos cuenta. ¿Cuántas mujeres antes que yo se habrán mirado al espejo y habrán pensado “hoy estoy guapa” o descubierto una nueva arruga? ¿Cuántas lo harán cuando yo no esté? Y sin embargo, hubo una época remota sin espejos. ¿Qué gestos parecen aspirar a la eternidad en la repetición? ¿Cuáles son prácticamente irrepetibles? ¿Cuáles permanecen y cuáles desaparecen? A lo mejor un cantero del siglo XI, mientras marcaba una piedra para poder cobrar por su trabajo o para dejar una huella de su paso por el mundo,  trató de imaginar al desconocido que pasaría su mano justo sobre esa piedra. No podía saber de mi. Pero imaginó mi mano recorriendo su marca, tal y como yo trato de imaginarlo a él. Su señal nos une aunque lo haga con un vínculo imposible. Estas palabras que ahora escribo son marcas de cantero.

Mi oficio es hablar con extraños. Cuando viajo a otro país esto se hace más evidente y aparecen nuevas palabras y expresiones, algunas se quedan para siempre. He viajado a Costa Rica gracias a la invitación de Juan Madrigal y ha sido un gustazo. La Fiesta Internacional de Cuenteros que se celebra en Alajuela hace honor a su nombre, es una auténtica fiesta. Me han hecho trabajar poco y me han llevado a pasear muchísimo, he probado sabores nuevos y disfrutado del mimo de la organización, he gozado de la amabilidad de ticos y ticas, he visto guacamayos, tucanes, colibrís, me he bañado en un transparente y tranquilo Pacífico… Me he traído café, estas estupendas fotos de la función de “Hablar con extraños” en el Auditorio del Museo Juan Santamaría (solo una muestra del estupendo trabajo de José Pablo Molina Sibaja), una caricatura de Nano y una expresión que me encanta: Pura vida, con la que se saluda, se responde el saludo, se alegra una en Costa Rica.